Una auténtica casa de pueblo
Entre montañas, bosques y acantilados, te espera una auténtica casa de payeses, construida en 1896 y restaurada en 2007, que ha sabido combinar tradición y comodidad, sin perder en ningún espacio su característico aire de pueblo.
Situada en pleno corazón del Alt Penedès, región ligada a la cultura vitivinícola desde el siglo IV a.C, este alojamiento rural también participó año tras año en la tradición de la vendimia, con una bodega situada en la parte inferior, donde se pisaba y fermentaba la uva, hoy convertida en una confortable zona de juegos y reunión.
Con actividades para todos los gustos, podrás visitar bodegas, realizar cursos de cata, disfrutar de la cocina tradicional, buscar setas, o simplemente descansar…
Cata, Maridaje y Museo del Vino
En plena zona enoturística, cuna de la Denominación de Origen del Penedès, establecida en 1976, podrás visitar diversas bodegas de vino y cava y realizar cursos de cata, que te aproximarán a los secretos de los diferentes vinos de la región.
A lo largo de los talleres de cata, bajo la tutela de un enólogo aprenderás los principios básicos para valorar el aspecto, los aromas y los sabores que distinguen un buen vino de otro no tan bueno, degustando diferentes variedades. Todo ello ello en su escenario original: la bodega.
Y si tienes verdadero interés en conocer mejor la cultura de los caldos del Penedès, no te olvides de visitar el Museo del Vino, situado a sólo media hora del hotel, en un palacio medieval del barrio gótico de Vilafranca, que te mostrará la evolución de las técnicas y la historia vitivinícolas y te llevará al final del recorrido a una ambientada taberna del siglo XIX, donde podrás degustar los vinos de la zona.
Setas, Caza y Cocina tradicional
Tintos, blancos, dulces o espumosos, sin duda los vinos del Penedès son un reclamo importante para el viajero, que disfruta de sus grandes aromas y de sus sabores afrutados, pero no hay que olvidarse de la gastronomía catalana y tradicional de la zona, que sabe aprovechar las frutas y verduras de temporada y combinarlas con excelentes carnes, pescados y mariscos.
Con el acertado maridaje de los vinos de la zona, en el restaurante del hotel “El Papá”, podrás saborear una cocina tradicional con toques vanguardistas, que hará las delicias de todos los comensales.
A la gastronomía popular del Penedès no le falta ningún detalle para ofrecer unos exquisitos platos, pues además de ser zona de vinos, es también zona de setas, ingrediente habitual de su cocina. Incluso llegado el otoño, los amantes de la micología podrán participar en excursiones en su búsqueda.
No menos importante para la cocina de la zona, son los platos de caza, con protagonistas tan sabrosos como la perdiz, el faisán o la codorniz. Además, si te gusta la caza, a lo largo de todo el año podrás participar en las cacerías que se organizan en un coto privado cercano.
El encanto de un pueblo de calles estrechas y empinadas
El hotel está situado en Pontons, un pequeño pueblo con algo más de 500 habitantes, donde la tranquilidad está garantizada. Muy lejos del bullicio de las grandes ciudades, Pontons te invita a pasear por sus calles estrechas y empinadas que conforman el casco urbano.
También puedes acercarte a la capilla de la Mercé, un templo neomodernista construido en 1945 y a la Iglesia Santa Magdalena, que te ofrecerá una bonita vista del pueblo. Y lo que no debes perderte es la Capilla de Sant Joan de la Muntanya, una capilla románica consagrada en el año 1075, que permanece suspendida sobre el pico del Fonoll.
Si dispones de más tiempo, puedes visitar el Monasterio de Montserrat, recorrer los monasterios de la Ruta del Císter o acercarte hasta el pueblo que dio origen a la leyenda de Sant Jordi, Montblanc, declarado Conjunto Monumental y Artístico en 1947, donde podrás degustar cava en su bodega modernista.
Y si no te quieres ir sin ver el mar, en menos de una hora llegarás a las playas paradisíacas de Sitges, donde también podrás hacer un recorrido a pie por esta bella ciudad, ligada al modernismo y al arte, que puede presumir de 300 días de sol al año.
Actividades para todos los gustos
Montar a caballo o en globo, hacer excursiones en bici o practicar senderismo, son algunas de las muchas actividades que podrás practicar durante tu estancia y que tomarán un significado especial, gracias al contraste de los paisajes tan impresionantes que te rodearán, con montañas y llanos, bosques, acantilados, ríos y praderas.
Y si viajas en familia, reserva un día para el parque de aventura acrobático al aire libre, que te ofrece circuitos sobre rocas y árboles, tirolinas, puentes colgantes y un circuito adaptado a los más pequeños. Sin duda, con esta experiencia saciarás ese alma intrépida que todos llevamos dentro.
Vinoterapia para cuidarte
Tanto si ha sido una jornada agotadora y llena de actividades, como si has decidido quedarte tranquilamente en el hotel, disfrutando de las vistas de su panorámica terraza, al final del día podrás leer en la biblioteca del hotel, entretenerte con algún juego de mesa o regalarte una sesión de vinoterapia.
A base de uva y hojas de parra, con altos contenidos en sustancias antioxidantes, los tratamientos, además de relajantes, se convierten en tonificantes para la piel y ayudan a prevenir el envejecimiento.
Y si te alojas en la suite, además podrás sumergirte en la bañera de hidromasaje.
Un hotel detallista
Dedicados a la hostelería desde hace más de 50 años, en El Molí entienden de detalles y han preparado todo cuidadosamente para que te sientas incluso mejor que en casa.
Cada habitación es distinta y para cada una se ha utilizado una decoración diferente, sin embargo todas las estancias tienen algo en común: la calidez que han logrado con ese mimo especial, donde ningún detalle queda en manos del azar.
Ah, y todas las habitaciones están equipadas con TV y reproductor de DVD.